Arcaniam El deber del escritor

… El deber del poeta y del escritor es escribir sobre estos atributos. Ambos tienen el privilegio de ayudar al hombre a perseverar, exaltando su corazón, recordándole el ánimo y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han sido la gloria de su pasado.
La voz del poeta no debe relatar simplemente la historia del hombre, puede servirle de apoyo, ser una de las columnas que lo sostengan para perseverar y prevalecer.

Discurso de William Faulkner en el Banquete del Premio Nobel de Literatura en el Ayuntamiento de Estocolmo, 10 de diciembre de 1950. 

Hoy es un día especial, no, no es mi cumpleaños, al menos no el mío propio, pero ya que estás aquí, por favor regálame esos pocos segundos de tu tiempo, trataré de ser breve.

¿Sigues aquí? ¡Gracias! Hay tantas cosas que he querido decirte… Tantos días planeando que contarte… ¿Cómo dices? Lo sé, lo sé, aún no nos conocemos, pero si te acostumbras a visitarme, no solo te obsequiaré con mundos imposibles y personajes inolvidables, a través de mis cuentos y poesía, sino quizás, también puedas aprender sobre ti mismo y juntos podamos develar los trucos del arte de escribir.

Hay tantas cosas que te quiero decir… Pero antes debo ser profundamente honesta y confesar que, si estás leyendo esta entrada a mi blog, te has convertido automáticamente, en testigo del nacimiento de este – Has llegado al día de la inauguración de mi nueva página web, ¡sean todos bienvenidos!

 

Con el pasar del tiempo y desde que decidí crear la página web, he pensado muchas veces cuál sería la primera entrada, ¿qué les gustaría a mis lectores leer primero? ¿qué es aquello que los haría comprender un poco más la razón de la existencia de este pequeño espacio en la inmensidad de la web?… y entonces, como casi todo en la vida, me di cuenta de que la respuesta era simple, de hecho, fueron ustedes mismos los que me lo hicieron saber:

Verán, desde la publicación de mi poemario “Desde el exilio” que ha sido descrito como un poemario distópico sobre la cruenta realidad venezolana por la crítica literaria, muchas veces se me ha preguntado por la razón de haber publicado bajo un seudónimo.

Primero, la respuesta inicial (y de la que menos me siento orgullosa) fue que en un principio tenía miedo de escribir sobre un estado autoritario como la narco-dictadura venezolana con mi verdadero nombre por temor a las repercusiones. Escribir en contra de la dictadura, en un país como Venezuela, es saber que uno puede pasar a formar parte de las listas de persona non-grata del régimen, lo que implica censura, amenazas y en algunos casos más extremos, cárcel, tortura y muerte. Sin embargo, esto no es nuevo, a través de los siglos la profesión de escritor me atrevería a decir, es una de aquellas cosas a los que los dictadores más temen. ¿Por qué? por una interesante razón que puedo explicar de la siguiente manera: escribir está más cercano a la fotografía de lo que la mayoría de las personas piensan – un cuento, un libro o una poesía – pueden percibirse como un cúmulo de ilustraciones sobre las vivencias, injusticias y sueños de los personajes, sí, pero también, en otras ocasiones, los personajes recalcan las voces de aquellos que no pueden ser escuchados en la vida real: aquella madre que despide a sus hijos sin saber cuándo los volverá a ver, aquel padre que se levanta al alba para conseguir comida, aquellos amigos que se despiden, el hambre, las enfermedades y los sueños robados de millones.

El escritor es capaz de desdibujar y dibujar las líneas entre la realidad y la fantasía, de rescatar esas memorias que nos persiguen al dormir y, ante todo, resguarda la memoria de lo que fue. Un dictador que controla canales televisivos, diarios y la opinión pública, tiene miedo de que los escritores sigan denunciando lo que ocurre, que sus palabras crucen las fronteras y se conviertan en enjambres que se duplican en las voces de los lectores. Un escritor puede alcanzar los corazones de aquellos que comprenden la realidad de sus palabras y a eso, a eso los dictadores le temen profundamente.

Aunque me encuentro en el Exilio desde hace varios años, por un tiempo sentía que uno no puede ser lo suficientemente precavido, luego pensé que esto era lo que la dictadura quería, tenernos tan atemorizados que no fuéramos capaces de denunciar lo que hemos vivido y no, yo no quería demostrarles que todos estos años de zozobra y terror que nos habían infringido como sociedad me habían quebrado.

La realidad es que tenía muchas dudas y dolor al alejarme de todo lo que había querido, mi familia, amigos, mi ciudad. Podría decirse que físicamente me encontraba lejos de mi país, pero no había un solo día que pasara sin pensar en lo que había dejado atrás y en que podía hacer yo, una escritora poco conocida, por los míos. Entonces lo entendí: todos podíamos hacer algo. Fue en ese momento en el que nació Arcaniam, aunque el seudónimo ya lo había usado desde hacía años en el mundo digital y en concursos literarios, publicar mi libro con este seudónimo elevaba el nombre de Arcaniam a otro nivel, se convertía en mi alter ego, en esa versión mía que desde que partí de Venezuela, había estado destruyendo y recreando como si se tratase de un ave fénix.

Arcaniam me permitía empezar desde cero, con la experiencia del pasado y la incertidumbre por el futuro. Pues Arcaniam fue inspirada en el significado de la palabra latina arcanus, que significa misterioso, pero también, significa el conjunto de conocimiento, lenguaje o información secreta. Así Arcaniam se transformaba en aquel enlace que a través del arte revelaría a los demás la realidad del régimen autoritario venezolano y la creación de otros mundos literarios.

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